sábado, junio 6
jueves, junio 4
miércoles, junio 3
Día 80 (Miércoles 3 de junio)
Si mi nombre fuese Julio Verne y esta una novela que narra un viaje alrededor del mundo, hoy también se acabaría. Aunque el confinamiento no ha cesado del todo, ciertas libertades me roban la concentración necesaria para intimar a través del formato de diario. Vuelvo a la brevedad acostumbrada en este blog, que tan bien se prestó para atesorar los recuerdos cotidianos de esta cuarentena. Sirvió para probarme en algunos tonos. Y aunque sé que perdí la consistencia en algunos ejercicios personalísimos, me servirá en algún momento para la reconstrucción de esa persona que fui durante estos ochenta días.
martes, junio 2
Día 79 (Martes 2 de junio)
Otro día sacándole el cuerpo a lo que tengo que hacer. Huyéndole al orden. A la disciplina de la literatura. Disfrazando la lectura de oportunidad para escapar.
lunes, junio 1
Día 78 (Lunes 1 de junio)
Soy de los que piensa que la experiencia de la escritura resulta incompleta sin la figura del lector. Más, miente quien afirma que escribe empujado por el secreto deleite personal. Casi onanista. Si la lectura tiene algo de voyeur, escribir tiene mucho de exhibicionista. Y no estoy muy distante de la idea de mostrarme, en la medida en que venza el miedo a herir susceptibilidades. Esto, en la creencia de que lo que aquí escribo, por ejemplo, trascienda al interés público y hasta popular. No hace mucho caí en cuenta de que sin importar con quién me topaba, ni en qué lugar, acababa con propios y extraños hablando de literatura. Y aunque no me arrepiento de lo dicho ni del tiempo empleado en esa tarea, en la distancia me reconozco como un fanático que iba de timbre en timbre predicando la belleza ordenada de las letras. Leer ha sido mi manera muy personal de rezar. Encontré en los libros los santos que nunca me cumplieron en las iglesias. Y si de los cuentos asumí las máscaras aún indelebles en mi memoria adolescente, de las novelas vengo tomando esas formas con las que sueño el futuro de mi madurez artística. O el presente más inmediato. Lo que ocurra primero. Quien como yo lee desde la niñez, no llega tarde a la escritura. No a la que pretende la estética de las horas. Y aunque esto que ahora persigo opere como un rasguño a la solidez creativa y ritmo que desde hace rato pretendo, agradezco al abismo de esta cuarentena su magia y fuerza ejercida sobre mis espaldas.
domingo, mayo 31
Día 77 (Domingo 31 de mayo)
Día 77, recuerdo cuando los domingos eran una pausa. Puse en Twitter mientras desayunaba.
A primera hora de la mañana acabé Rewind de Juan Tallón. El nombre obedece a la arquitectura que encontró para relatar la historia de un grupo de amigos veinteañeros, provenientes de distintas partes de Europa que alguna vez compartieron un piso en Lyon. En cada capítulo, no más de seis en total, personajes periféricos a este grupo se encargan de hacer memoria para contar su versión del catastrófico evento que determina el curso de la historia. Antes del ejercicio de recordar, Tallón da suficiente información de los eventuales narradores. Poniendo al lector en situación de prestar atención a su versión tan personal. Hace rato que no disfruto las novelas por las historias que cuentan. Estoy condenado a prestar atención, buscando descifrar la arquitectura interna de ese aparato que el autor pone en mis mano. Sé que a mucha gente le pasa con la música. A otros con las películas. Y así. Escribo sobre mi experiencia. Pues traslado esa deformación al tratar de identificar el ensamblaje que da forma a cada uno de mis días. Hoy, por ejemplo, la lluvia signó mi disposición frente a las horas. Desperté tarde. Desayuné. Y enterarme de la muerte de un joven amigo hizo más oscura mi mañana, cuando aún no llovía. Abandoné las redes incapaz de elaborar un comentario más o menos preciso. Y me abandoné en la lectura, buscando escapar de ese horror que nos abraza cuando es una persona joven la que muere. Más tarde los grupos en común, llenos de gente de la industria publicitaria, completaron los detalles de la partida de Julio Grande. Que así se llamaba mi amigo. Y siendo esa la columna vertebral de un poco más allá de mi día, no hubo nada que me sacara de ese marasmo que se parece tanto a la culpa. Leí eso sí que en EEUU y en Europa saqueaban. Que a partir de mañana venderían a precios de oro la gasolina. Que se flexibilizaba en algunas áreas comerciales la cuarentena (que no en la mía). Y que en una semana nos decían si volvería el confinamiento para todos. Que se reportaron más de cincuenta casos de contagio, para superar ahora los mil quinientos. Demasiadas interrogantes abiertas para el próximo capítulo que llega en pocas horas. Pero, como en la novela de Tallón, éste es sólo mi punto de vista.
sábado, mayo 30
Día 76 (Sábado 30 de mayo)
Día 76, sabiéndonos cautivos, ha vuelto a repicar a todas horas el teléfono fijo. «Cuelga tú.» Escribí en Twitter, a eso del mediodía.
Hoy volvió a llover. Aunque no en toda la ciudad. Aún así, la nube que nos tocó debió vaciarse entera. Poco mas de una hora duró un chaparrón que lavó el aire y no me dejaba siquiera ver el Ávila. Desde que amaneció hablé de este día en calidad de domingo. De hecho, fueron domingueros mi desayuno, almuerzo y cena. A setenta y seis días del inicio de la cuarentena, y habiendo desplazado los ritos diarios que daban nombre y sentido a las jornadas, me extravío con demasiada frecuencia. Consulto el calendario a toda hora, como si se tratara de un tic nervioso. Sin encontrar una técnica que lo evite. He desarrollado la memoria de un pez, en lo que concierne a las fecha y su día. Por ese camino arrastro conmigo a todos en casa, y mi equipo de trabajo en la distancia. Generando inconvenientes que no ayudan a estas horas. Si esto me agarra con noventa años, a esta hora creería que viajo en un barco a la deriva. Sin la claridad además de cuánto falta para que oscurezca, ni en que momento se hará de día. 89 nuevos casos anunciaron hoy fuentes oficiales.
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